La Atalaya

La Atalaya es una hermosa pedanía, barriada, de Cañete la Real. Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que los entrañables lazos que les unen han existido desde la propia concepción de ambas. Esta fiel hermana menor y vigía de Cañete se encuentra a 8 km del núcleo urbano de Cañete la Real.  No podría entenderse la existencia de uno sin la pervivencia de la otra. Esta edificante unión se ha mantenido viva en el transcurso del tiempo.

Esta región debe su nombre al Atalayón, fortaleza natural que en época nazarí albergó una torre de vigía y una muralla en la parte más alta de su cumbre. 

El recinto fortificado se erigía sobre el margen izquierdo del arroyo Majamoclón, afluente del Guadalquivir. Su localización presentaba incontables ventajas para el control del territorio y los recursos. Conseguía dominar una vasta zona de dehesa y la vía natural que se adentra en las sierras subbéticas sevillanas y de Cádiz. Todo ello aprovechado en la actualidad por el trazado de la línea férrea Algeciras-Bobadilla.

La zona de la Atalaya, desde su origen, se distinguió por la extraordinaria fertilidad de sus suelos. Fue siempre un espacio donde la agricultura y la ganadería sobresalían por su relevancia. Los abundantes nacimientos de agua que desde antaño tuvo potenciaron las actividades agrícolas y ganaderas.

Una parte de la Atalaya era conocida como “La Huerta de la Villa”. En el Archivo histórico de Málaga existen datos que testimonian que los monjes del convento franciscano utilizaban la Atalaya como una huerta. Aprovechaban las aguas del río Corbones, afluente del Guadalquivir, a su paso por la barriada. Existían en ella tres molinos de agua. Estos eran utilizados para moler el grano. Quizás, también, fueron empleados en la moledura de la oliva con el propósito de extraer aceite. Vale la pena resaltar que uno de estos molinos perduró hasta mediados del siglo XX. Recibía el nombre de Molino Santa Clara. Hoy en día pueden apreciarse en la zona algunos restos de este molino.

Había en esta región numerosos nacimientos de agua. Ello propició la creación en la misma de la primera fábrica de electricidad que hubo en Cañete la Real. Dicha empresa fue explotada por una empresa familiar de nombre “Tallafers” quienes construyeron manualmente un canal para el paso del agua. Este canal conducía el preciado líquido desde uno de los nacimientos más importantes de La Atalaya denominado “El manantial del ojo de la laguna”. El mencionado manantial debe su nombre a la existencia previa en aquel paraje de una bella laguna. El canal conducía el agua hasta un salto. Dicho salto impulsaba el movimiento de unas paletas generando así la corriente. Continúa conservándose íntegramente la canalización hasta el salto del agua. Las viviendas edificadas alrededor de la primera fábrica de luz eléctrica han llegado hasta nuestros días en perfecto estado de conservación.

Un dato curioso y no menos interesante es el que asevera que, al instalarse el ferrocarril en el año 1890 aproximadamente, la línea Bobadilla-Algeciras tenía la parada de Cañete la Real justo en la pedanía de La Atalaya.

Atalaya, según una definición primaria, es “una torre hecha comúnmente en un lugar alto para contemplar desde ella el campo o el mar y dar aviso a lo que se descubre”. En segundo término se define como “una altura desde donde se descubre mucho espacio de tierra o mar”. Una atalaya puede ser una torre-atalaya o torre almenara o simplemente es una elevación o altura desde donde todo se observa.

Teniendo en cuenta su tipología física encontramos torres de atalaya y atalayas naturales. Este último tipo define la que nos ocupa: una elevación natural del terreno concebida como torre de vigilancia. Se diferencia de otro tipo de torres cuyo uso primario es militar. Detengámonos ahora, brevemente, en la relevancia de las atalayas según su localización y su funcionalidad.

Al detenernos en su función podemos decir que estas torres pueden ubicarse tanto en la frontera como en el interior. En nuestro caso se trata de una atalaya fronteriza ubicada antaño en el límite terrestre nazarí frente a las tierras cristianas.

Las torres han tenido comúnmente, según su función, la misión de vigilar el territorio ante posibles incursiones. A su vez comunicaban a otras torres y fortalezas sobre los ataques enemigos. Muchos historiadores distinguen dos funciones más específicas. Primeramente están aquellas torres que vigilaban un territorio y se comunicaban con otras torres. Por otro lado se habla de las torres intermedias que actuaban como punto de unión entre una torre lejana y otra en una ciudad.

La Atalaya constituyó un importante lugar de paso. Corroboramos esto en el mapa de 1766. Son apreciados en él una torre vigía con una muralla justo detrás del monte de El Atalayón. Existía, a su vez, una venta, conocida entonces como “La venta de La Atalaya”. Hoy convertida en la finca “Venta de la Parra”. Por aquí se distingue una vía pecuaria que sería el origen de la vía de comunicación entre Ronda y Sevilla pasando por Osuna.

Sería impensable visitar Cañete la Real y no acercarse a la hermana barriada de La Atalaya. En la actualidad acoge una zona residencial de obligado conocimiento para todas las personas interesadas en conocer, en sentir, parte de la historia arqueológica, sociológica e incluso emocional de nuestro pueblo y sus fraternos espacios colindantes.

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